Perlas de otros lugares: La torta del Casar DO

La Torta del Casar se elabora de forma tradicional con leche cruda de ovejas merinas y entrefinas. Criadas en pastos, estas ovejas se adaptan bien a climas extremos y su leche, de producción escasa, confiere al queso una textura rica y cremosa. El queso se cuaja con cardo y se madura durante al menos 60 días envuelto en una especie de paño hasta que se forma la corteza.  

Su producción se limita a la zona concreta e histórica de Cáceres, donde esta actividad se remonta a siglos atrás: la estepa, en la que crecen algunos olivos y pinos, así como cardos silvestres y algunas plantas aromáticas.

Izquierda: abriendo la parte superior de la torta. Derecha: secado de los pistilos de cardo al final del verano.

Su producción apenas representa el 1 % de la del Manchego DO que se elabora en la extensa zona de Castilla. Su cuajado, realizado con cardos silvestres, le confiere un ligero sabor picante y amargo característico.

Un queso que data del siglo XIII

Los pastores luchan por sobrevivir en las áridas llanuras del sur de España, donde el cultivo es complicado y el agua de lluvia escasea. Se dan cuenta de que utilizar la flor del cardo para cuajar la leche podría ser una buena idea. Este cuajo vegetal les permite, por un lado, dejar de sacrificar a su ganado para obtener el cuajo necesario y, por otro, ampliar la venta a los religiosos, que consideraban la carne impura.

"Canadá Real" para la trashumancia, correspondiente a la Vía de Plata romana (Cáceres)

Su queso se convertiría en su principal fuente de alimento y, dado el éxito obtenido, en una importante moneda de cambio en la zona.

Así pues, es precisamente de sus debilidades —entre ellas, su amargor y su textura fluida— de donde este queso ha sacado toda su fuerza, y ello en varios momentos de la historia, evitando por los pelos su desaparición definitiva. Dado que la cuajada con cardo no es tan perfecta como la que se obtiene con cuajo animal, el queso se hunde y adquiere el aspecto aplanado de una «torta». Hoy en día, el queso se envuelve para evitar este fenómeno.

Cómo comerlo

En primer lugar, a temperatura ambiente. Corta la parte superior y la pasta estará lista para untarla en pan o acompañarla con picos (una especie de grissini). También puedes consumirla sobre un gratinado de verduras: calienta unas cucharadas de torta con nata en una cacerola y, a continuación, viértela sobre el plato.

Si sobra, puedes reutilizarla para preparar un plato con la corteza y aprovechar al máximo su sabor: basta con cubrirla con una mezcla de verduras frescas (espárragos, champiñones, etc.) y meterla al horno.

Acuérdate de abrir una botella de tinto o blanco, más bien ligero y afrutado, ¡verás que no te decepcionará!

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